Vivir tomando decisiones
Por Romi 🩷
Cada vez que viajamos, traemos un imán para la heladera. Creo que recorrí 3 comercios y pasé al menos 10 minutos mirando imanes hasta que me decidí por este. ¿Tanto tiempo tenía que dedicarle?
“Estoy podrida de tomar decisiones”, le digo en chiste a mis amigas en algunas conversaciones.
“Y bueno, la vida adulta. ¿Qué esperabas?”, me dice una voz en mi cabeza. Y no, no esperaba algo distinto, pero es cierto que a veces puede ser agotador.
Cuando la charla sobre tomar decisiones aparece, siempre traigo a la conversación la misma frase: “Pensar que cuando era chica mi mayor preocupación era hacer la tarea del colegio” y me río.
Creo que todos tenemos algo muy en claro. Hay decisiones y decisiones. No es lo mismo elegir entre una café con leche y un té, que entre, por ejemplo, decidir si me opero de algo o no. Por eso, cuando siento que le estoy dando vueltas a algo muy menor, me digo a mí misma: “Bueno, no estás comprando una casa, Romina. Decidite”.
En la vida adulta siempre parece que cada paso que damos, sin importar lo corto o largo que sea, hay algo por lo que decidir.
Decidir es bueno. Habla sobre la libertad. No me quejo de eso. Lo agradezco. Solo que a veces me dan ganas de decir: “Necesito vacaciones de tomar decisiones”. Quizá sea por la cantidad de pensamientos rumiantes que aparecen en nuestra cabeza cada vez que nos enfrentamos al proceso.
Por ahí hay que empezar a sacarle un poco el peso al tema. En la mayoría de las situaciones, eso que elegimos, luego se puede cambiar, pero no sé por qué razón, solemos poner todo en la categoría de “No hay manera de volver atrás”.
Muchas veces me río cuando en los programas de TV les preguntan a los famosos: “¿De qué te arrepentís?” Y en general piensan unos segundos y luego cuentan algo que no les salió bien. Es muy fácil decir: “Me equivoqué, debería haber hecho esto”, cuando pasaron 5 años y ves todo con el diario del lunes. En su momento creíamos que era lo mejor para nosotros y listo. No sé si hay que darle tantas vueltas.
Creo que nunca tenemos que olvidarnos que cuando uno elige algo, decide con las herramientas que tiene en ese momento y a las experiencia acumulada hasta ahí. Por eso, mirarse y juzgarse con los lentes del presente, no es justo para nadie.
Hay otra cosa también. A a veces lo que pensás mucho no necesariamente sale bien. Y aquí les cuento una pequeña anécdota.
Toda mi vida había querido estudiar medicina y cuando se empezó a acerar a la edad en la que tenía que decidirme comencé a sentir el peso de elegir sobre algo que creía iba a marcar mi vida. Y eso me asustó. En unos pocos meses me metí a estudiar Derecho (sí, nada que ver…). Tenía la ilusión de trabajar algún día en una embajada. Me mudé a otra ciudad de Argentina,para arrancar el curso de pre-ingreso y a menos de tres meses, levanté el teléfono y le dije a mis viejos que me volvía con ellos porque no me gustaba. Había pasado al menos dos años con el dilema sobre qué estudiar y la cosa no había salido como esperaba.
Cuando me pude anotar en la facultad, no opté por Medicina. Me inscribí en Comunicación Social. Había egresado del colegio secundario con especialización en eso y me tiré a lo seguro. Durante el primer año de ingreso no pude distinguir si me gustaba o no porque básicamente no tenés asignaturas de lo que estudías. A los dos años me enganché y la amé. Y cuando egresé me di cuenta de que, en general (y digo en general porque Medicina y Abogacía pueden ser algunas de las excepciones) podés estudiar casi cualquier cosa y luego dedicarte a otra. O dedicarte a algo que te gusta mucho por unos años y luego cambiar.
No creo que nada sea tan trágico como muchas veces parece en nuestras cabezas. Lo que es problemático esa esa idea social de que lo que elijamos “va a marcar nuestras vidas”.
Hace unos días mi hermana dijo: “Las decisiones no son buenas o malas, son decisiones”. Y yo pensé que lo que había dicho era excelente, porque nada es tan permanente como creemos y porque siempre hay cosas más importantes.



Hay una frase que anda circulando mucho por esta red últimamente que dice algo así como “No tiene sentido culpar la ignorancia del pasado con la sabiduría del presente”
Mi prima, hace poco, me dijo: “¿sabés que de aquí al día que te morís, tenés que escoger, todo, absolutamente todo?”